Con el inicio de la quinta y última etapa del Tiempo de Cuaresma, la Iglesia da paso a la llamada Semana de Pasión, un periodo de profunda reflexión que prepara a los fieles para vivir con mayor intensidad los misterios centrales de la fe cristiana.
Esta semana comienza con el Domingo de Pasión y concluye con el Sábado de Pasión, marcando una transición espiritual hacia los días más significativos del calendario litúrgico. Es un tiempo que invita al recogimiento, la oración y la penitencia, como preparación inmediata para la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
El siguiente momento clave es el Domingo de Ramos, que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y sirve como puente entre la Semana de Pasión y la Semana Santa. Durante esta celebración, se proclama el relato de la Pasión del Señor, dando inicio a los días santos.
Aunque en algunos lugares esta tradición ha caído en desuso, la Semana de Pasión conserva un valor espiritual significativo. Representa una “preparación dentro de la preparación”, ofreciendo a los creyentes la oportunidad de retomar el camino cuaresmal o intensificar su vida espiritual en el tramo final hacia la Pascua.
Para la comunidad cristiana, estos días son una invitación a renovar la fe, profundizar en el sacrificio redentor de Cristo y disponerse interiormente para vivir con plenitud la celebración más importante del año litúrgico.
